Reflexiones – La Grieta en el Diamante


Reflexiones – La Grieta en el
Diamante


Mayo 01, 2010


Reflexiones Cristianas


Érase una vez, hace mucho tiempo,
un rey que vivía en Irlanda. En aquellos tiempos, Irlanda estaba
dividida en muchos reinos pequeños, y el reino de aquel rey era uno más
entre esos muchos. Tanto el rey como el reino no eran conocidos, y nadie
les prestaba mucha atención.

Pero un día el rey heredó un gran
diamante de belleza incomparable de un familiar que había muerto. Era el
mayor diamante jamás conocido. Dejaba boquiabiertos a todos los que
tenían la suerte de contemplarlo. Los demás reyes empezaron a fijarse en
este rey porque, si poseía un diamante como aquél, tenía que ser algo
fuera de lo común.

El rey tenía la joya perpetuamente
expuesta en una urna de cristal para que todos los que quisieran
pudieran acercarse a admirarla. Naturalmente, unos guardianes bien
armados mantenían aquel diamante único bajo una constante vigilancia.
Tanto el rey como el reino prosperaban, y el rey atribuía al diamante su
buena fortuna.

Un día, uno de los guardias,
nervioso, solicitó permiso para ver al rey. El guardián temblaba como
una hoja. Le dio al rey una terrible noticia: había aparecido un defecto
en el diamante. Se trataba de una grieta, aparecida justamente en la
mitad de la joya. El rey se sintió horrorizado y se acercó corriendo
hasta el lugar donde estaba instalada la urna de cristal para comprobar
por sí mismo el deterioro de la joya.

Era verdad. El diamante había
sufrido una fisura en sus entrañas, defecto perfectamente visible hasta
en el exterior de la joya. Convocó a todos los joyeros del reino para
pedir su opinión y consejo. Sólo le dieron malas noticias. Le aseguraron
que el defecto de la joya era tan profundo que si intentaban
subsanarlo, lo único que conseguirían sería que aquella maravilla
perdiera todo su valor. Y que si se arriesgaban a partirla por la mitad
para conseguir dos piedras preciosas, la joya podría, con toda
probabilidad, partirse en millones de fragmentos.

Mientras el rey meditaba
profundamente sobre esas dos únicas tristes opciones que se le ofrecían,
un joyero, ya anciano, que había sido el último en llegar, se le acercó
y le dijo:

-Si me da una semana para trabajar
en la joya, es posible que pueda repararla.

Al principio, el rey no dio
crédito alguno a sus palabras, porque los demás joyeros estaban
totalmente seguros de la imposibilidad de arreglarla.

Finalmente el rey accedió, pero
con una condición: la joya no debía salir de¡ palacio real. Al anciano
joyero le pareció bien el deseo del rey. Aquel era un buen sitio para
trabajar, y aceptó también que unos guardianes vigilaran su trabajo
desde el exterior de la puerta del improvisado taller, mientras él
estuviese trabajando en la joya.

Aun costándole mucho, al no tener
otra opción, el rey dio por buena la oferta del anciano joyero. A
diario, él y los guardianes se paseaban nerviosos ante la puerta de
aquella habitación. Oían los ruidos de las herramientas que trabajaban
la piedra con golpes y frotamientos muy suaves. Se preguntaban qué
estaría haciendo y qué es lo que pasaría si el anciano los engañaba.

Al cabo de la semana convenida, el
anciano salió de la habitación. El rey y los guardianes se precipitaron
al interior de la misma para ver el trabajo del misterioso joyero. Al
rey se le saltaron las lágrimas de pura alegría. ¡Su joya se había
convertido en algo incomparablemente más hermoso y valioso que antes!

El anciano había grabado en el
diamante una rosa perfecta, y la grieta que antes dividía la joya por la
mitad se había convertido en el tallo de la rosa.

Así es como Dios nos cura. Trabaja
nuestro mayor defecto y lo convierte, en algo hermoso. Dios nunca
pierde nada en nosotros cuando nos ponemos en sus manos y por supuersto
que nosotros tampoco perdemos nada. Con él, siempre ganamos.

Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que
fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para
adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito
de su voluntad, para alabanza de su gloria. Efesios 1:3-6.

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Una respuesta a Reflexiones – La Grieta en el Diamante

  1. ivonne ruby dijo:

    esto ya esta nomas es cuestion de esperar y no estar dormidos ay que esgtar alertas porque jesus viene esta a la buelta de la esquina por eso ay que bolber al padre como el hijo prodigo si andamos mal ay que agarrar la onda y volber a los brasos de papa…………………………………….

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