SALMO 8


Salmos 8

La gloria de Dios y la honra del
hombre
Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David.
1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
7 Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
8 Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
9 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!.


____________________________________________________



Comentario a Salmos
08


Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.




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Este
salmo es una solemne meditación sobre la gloria y la grandeza de
Dios.
Empieza y termina con el mismo reconocimiento de la excelencia
trascendente del nombre de Dios. Para probar la gloria de Dios, el
salmista cita ejemplos de su bondad con el hombre, pues la gloria
de Dios
es su bondad majestuosa. Dios debe ser glorificado:
l.
Por darnos a conocer su persona y su gran nombre (v. 1).
II.
Por hacer uso de los más débiles hijos de los hombres para que
sirvan a
sus designios (v. 2).
III.
Por hacer que hasta los cuerpos celestes estén al servicio del
hombre
(vv. 3, 4).
IV.
Por hacer al hombre señor de las criaturas del mundo terrestre,
poniéndole así en un nivel ligeramente inferior al de los ángeles
(vv.
5-8). Este salmo se aplica en el Nuevo Testamento a Cristo y a la
obra de
la redención que llevó a cabo; el honor que los niños pequeños le
tributan (v. 2, comp. Con Mt. 21:16), y el honor que Él otorga a
los
hijos de los hombres, tanto en su humillación, cuando fue hecho un
poco
menor que los ángeles, como en su exaltación, al ser coronado de
gloria
y honor. Comparar los vv. 5 y 6 con 1 Co. 15:27 y He. 2:6-8.


Versículos
1-2


El
salmo va dirigido, como en otras ocasiones, al director de música
del
santuario, sobre Guittit, que no sabemos exactamente qué significa
(¿sobre la guetea?). El salmo es de David, y en él se propone dar
al
nombre de Dios la gloria que se merece. Dos cosas admira David
aquí:

1.
La forma manifiesta en que despliega Dios su gloria (v. 1). Se
dirige a
Dios con toda humildad y reverencia, como al Señor Soberano de su
pueblo:
«¡Oh Yahweh, Señor nuestro…!» (hebr. Yahweh Adoneynu). Si de
veras
creemos que Dios es nuestro Soberano, hemos de reconocerle y
obedecerle
como súbditos suyos. (A) Con qué esplendor brilla la gloria de
Dios
incluso en este mundo de abajo: «¡Cuán glorioso es tu nombre en
toda la
tierra!" Las obras de la creación y de la providencia muestran y
proclaman al mundo entero que hay un Ser infinito (Ro. 1: 19, 20).
Sin
letras ni sonido de palabras, se ve y se oye en la creación el
nombre de
Dios. (B) Con cuánto mayor esplendor brilla en el mundo de arriba:
«Has
puesto tu gloria (lit. alabanza) sobre los cielos.» (a) Dios es
infinitamente más glorioso y excelente que las más nobles
criaturas y
las que más esplendorosamente brillan. (b) Mientras que en la
tierra
sólo oímos y alabamos el excelente nombre de Dios, los ángeles y
los
espíritus bienaventurados ven arriba su gloria y la alaban, pero,
aun
así, El está exaltado muy por encima de la bendición y alabanza de
ellos. (c) Al exaltar al Señor Jesús a la diestra de Dios, siendo
el
Hijo el resplandor de la gloria del Padre y la fiel representación
de su
ser real (He. 1 :3), Dios ha puesto su gloria por encima de los
cielos,
muy por encima de todos los \ principados y potestades.



2.

El poder con que lo proclama por medio de las más débiles
criaturas (v.
2): «Por boca de los niños y de los que maman, afirmas tu
«fortaleza»,
esto es, la perfecta alabanza de tu fortaleza (Mt. 21:16). Esto
insinúa
la gloria de Dios: (A) En el reino de la naturaleza. El interés
que tiene
Dios en los niños pequeños (quienes, cuando vienen a este mundo
son más
desvalidos que los animales), la especial protección que les da y
la
provisión que la naturaleza les suministra, todo ello debería ser
reconocido por cada uno de nosotros, para gloria de Dios, como un
gran
ejemplo de su poder y de su bondad; tanto más cuanto que todos nos
hemos
beneficiado de ello. (B) En el reino de la Providencia. En el
gobierno del
mundo terrestre, Dios hace uso de los hijos de los hombres.

(C)
En el reino de la gracia, que es el reino del Mesías. Aquí
podríamos ~
ver aludidos de alguna manera a los apóstoles, quienes siendo
considerados casi como bebés en erudición, «hombres sin letras y
del
vulgo» (Hch. 4:13), bajos y despreciables, por medio de la locura
de su
predicación, " habían de echar abajo el reino del diablo, del
mismo
modo que fueron derribadas con el sonido de cuernos de carnero las
murallas de Jericó. El Evangelio es llamado el brazo del Señor y
el
bastón de su fuerza, pues estaba designado a obrar maravillas, no
de la
boca de filósofos, oradores, políticos o estadistas, sino de un
grupo de
pobres e iletrados pescadores.

Oímos
a los niños clamar: «Hosanna al Hijo de David», mientras los
principales sacerdotes y los fariseos no le reconocían como a tal.
A
veces, la gracia de Dios se manifiesta maravillosamente en algunos
niños,
" enseñando conocimiento y haciendo entender el mensaje a los
destetados y recién retirados de los pechos (Is. 28:9). El poder
de Dios
se manifiesta muchas veces en su Iglesia por medio de instrumentos
débiles y humanamente ineptos.

Versículos
3-9

Continúa
aquí David engrandeciendo el honor de Dios al exponer los honores
que
Dios ha otorgado al hombre, especialmente a Jesucristo Hombre. Las
condescensiones de la gracia divina exigen nuestras alabanzas
tanto como
la exigen las elevaciones de la gloria divina. Véase aquí:



1.

Lo que le induce a admirar el condescendiente favor de Dios hacia
el
hombre, que es la consideración del brillo y de la influencia de
los
cuerpos celestes que están a la vista de los hombres (v. 3):
«Cuando veo
tus cielos, y aquí en particular, la luna y las estrellas.» Nótese
que
no se menciona el sol. Es nuestro deber considerar los cielos. No
podemos
menos de verlos por nuestra posición erecta; en esto, entre otras
cosas,
nos distinguimos de los brutos animales, los cuales están formados
para
mirar hacia abajo, mientras el hombre está formado para mirar
hacia
arriba. «Los cielos son los cielos de Yahweh» (115:16), no sólo
porque
Él los hizo, sino porque en ellos especialmente brilla su gloria y
se
alza su trono: Son obra de sus dedos. Crearlos fue para Dios como
un juego
de niños; no necesitó para ello extender el brazo, como se nos
dice al
hablar de la salvación de su pueblo. Aun las luces inferiores: la
luna y
las estrellas, muestran la gloria y el poder del Padre de las
luminarias
(Stg. 1: 17) y nos suministran materia de alabanza a Dios. Cuando
consideramos la gloria de Dios que brilla en el mundo de arriba,
bien
podemos admiramos de que Dios se fijase en una criatura tan baja
como es
el hombre. Y cuando consideramos la gran utilidad de los cielos
para los
hombres de la tierra, bien podemos exclamar: Señor, ¿Quién soy yo
para
que hayas puesto a mi servicio los astros del cielo?



2.

Cómo expresa su admiración (v. 4): «Señor, ¿qué es el hombre
(hebr.
enosh = el ser humano en su debilidad física y moral) para que de
él te
acuerdes, para que tomes nota de él, de sus actos yde sus
quehaceres?
¿Qué es el hijo del hombre para que lo visites (lit.), como un
amigo
visita a otro amigo, complacido en conversar con él e interesado
en sus
cosas?» Esto se aplica:

(A)
A la humanidad en general. Aunque el hombre es como un gusano (Job
25:6),
Dios le respeta y le muestra en abundancia su benevolencia; el
hombre es,
muy por encima de todas las criaturas de este mundo de abajo, el
favorito
de la Providencia (v. 1 Co. 9:9), hasta el punto de que ha sido
hecho un
poco inferior a los ángeles (v. 5),ya que, por su cuerpo, es
semejante a
las bestias que perecen y está confinado a la tierra, pero, por su
alma
espiritual e inmortal, es semejante a los ángeles, que son puros
espíritus. Por un poco de tiempo, los hijos de Dios son inferiores
a los
ángeles, mientras su alma espiritual está como encerrada en vasos
de
barro, pero los hijos de la resurrección serán como ángeles (gr.
isángueloi. Lc. 20:36), no inferiores a ellos. El hombre está
dotado de
nobles y maravillosas facultades: «Lo coronaste de gloria y de
honra.»
La razón del hombre es su corona de gloria; no debe profanar esa
corona
mediante el mal uso de ella ni perder el derecho a ella por obrar
en
contra de sus dictados. Dios ha puesto todas las cosas bajo los
pies del
hombre, para que pueda servirse, no sólo del utillaje, sino
también de
los productos y de las vidas de las inferiores criaturas. David
especifica
algunos animales inferiores: ovejas, bueyes, aves, peces (vv.
7,8), de los
que puede servirse el hombre, aunque algunos de ellos son
físicamente
mucho más fuertes que él.

(B)
Al Señor Jesucristo en particular, como sabemos por He 2:6-8,"
donde
el autor de la epístola, para demostrar el soberano dominio de
Cristo
sobre los cielos y la tierra, declara que
Él
es el hombre, el Hijo del Hombre, a quien Dios ha coronado de
gloria y
honor y le ha hecho señorear sobre las obras de sus manos.

Tenemos motivos para tener humildemente recta estima de nosotros
mismos y
admirar con gratitud la gracia de Dios en que: (a) Jesucristo
asumió la
naturaleza del hombre y, en esa naturaleza, se humilló (Fil.
2:6-8). Al
tomar la forma de esclavo y renunciar a la pompa de su divina
majestad, se
hizo menor que los ángeles, (b) En esa misma naturaleza, fue
exaltado
para ser proclamado Señor de todo lo creado. Dios el Padre le
ensalzó
porque El mismo se había humillado (Fil. 2:9-11). Todas las
criaturas han
sido puestas de derecho bajo sus pies, y lo serán de hecho cuando
haya
puesto a todos sus enemigos por escabel de sus pies (He. 2:8;
lO:13,comp.con 1 Co.15:27

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