PERFECCIONÁNDOME EN TÚ DEBILIDAD


PERFECCIONÁNDOME EN TÚ
DEBILIDAD

por Brendaliz Avilés

fortaleza-en-la-debilidad“Y me ha
dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la
debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis
debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
(1 Corintios 12:9 Versión Reina Valera 1960)

Hoy escribo para todos ustedes con
lágrimas en mis ojos, pero con la fortaleza y serenidad que solo Dios
puede dar. Aunque planifiqué que este fuera un día súper maravilloso y
hermoso, no siempre las cosas salen como quisiéramos. Y aunque muchas
veces eso nos entristece, no nos debe desanimar. Porque la vida está llena de momentos de todo tipo y tenemos que
experimentarlos y tratar de aprender aunque en ocasiones no le
encontremos sentido.

Siempre me he caracterizado por ser una
persona muy sincera. Trato de ser lo más transparente posible en todo.
Es por eso que mis escritos tienen parte de mi corazón. En ellos
siempre encontrarás plasmados vivencias, cosas que siento y pienso,
creo, etc. Hay muchas personas que temen abrir su corazón y relatar sus
tristezas, experiencias o temores más profundos, sin embargo, yo quiero
compartir con ustedes desde mis alegrías más inmensas hasta mis
momentos de abatimiento. Desde mi fe y convicciones más fervientes
hasta los momentos en que parece que no
hay salida
. ¿Por qué lo hago? Porque sería hipócrita de mi
parte mostrarles un “mundo ideal” que no existe. Y porque estoy
convenida de que así como el salmista David escribió muchos de sus
mejores salmos en momentos de angustia y hoy día esos salmos nos
alientan y fortalecen; de la
misma manera estos escritos pueden traer bendición y bálsamo a muchas de
las vidas que los leen.

Ciertamente la vida es dura, no siempre
parece justa. Pero Dios sigue estando presente. La vida te da golpes
bajos y a veces en el suelo tratas de seguir luchando, pero aunque
sientas que estás luchando en el suelo, puedes dar golpes desde el piso y
ganar la batalla. De eso se compone la vida, de subidas y bajadas. De
momentos gloriosos, pero también de momentos en que exclamamos: “Señor
si es posible pasa de mí esta copa”.
Pero cuando decimos
estás palabras, recordamos lo que el mismo Jesucristo dijo: “pero no se
haga conforme a mi voluntad, sino a la tuya”. Y como dice Romanos
8:28-39, sabemos que nada nos podrá apartar del amor de nuestro Señor.

Hace unos días mi tía Rossie me escribió
un email diciendo algo que me gusto tanto que hoy quiero compartirlo
con ustedes haciendo mis propias reflexiones y conclusiones porque
compete a lo que le he dicho anteriormente. Son tantas las veces que
hemos escuchado hablar y que hemos repetido este texto: “Bástate
de mi gracia porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

Estás fueron las palabras que Dios le contestó a Pablo después de haber
pedido tres veces que fuera quitado de su vida un aguijón que le
afligía en la carne. Pero pocas veces nos detenemos a pensar (decía mi
tía) en cómo se sentía el apóstol Pablo y por qué razón tuvo Dios que
decirle que se bastara de su gracia y que en medio de su debilidad sería
perfeccionado.

Si damos una reversa a la historia,
observaremos que cuando Pablo aceptó a Jesucristo, cuando tuvo ese
encuentro maravilloso con Dios en Damasco, Dios le hizo advertencia de
que sufriría a causa de su nombre. De hecho Pablo mismo había hecho
sufrir en su vida religiosa pero sin Cristo, a muchos cristianos. A él
le tocaría experimentar mucho más aún. Cuando observamos a Pablo a
través de las escrituras vemos a un hombre independiente, con la
autoestima alta, muy seguro de sí mismo y de a quién le servía. Sus
convicciones eran profundas y su fe (una vez conoció a Jesús)
inquebrantable. Pero en este momento vemos una escena en la que Pablo
escribe o diserta sobre un tema profundo y con sinceridad expresa de una
lucha que está teniendo con su carne. Pudo haber sido una enfermedad,
la Biblia no específica. Lo cierto es que me parece que Pablo se sentía
tan agobiado como muchas veces nos sentimos tú y yo. Porque a veces
nos sentimos tan cargados por las cosas que nos acontecen en la vida que
perdemos por un momento el centro. Nuestro centro que es Jesucristo.

Yo te pregunto, ¿con qué aguijón estás
lidiando el día de hoy? ¿Cuál es ese problema que parece consumir tus
fuerzas? ¿Qué es lo que te roba la paz y quiere hacer que pierdas la
esperanza? ¿Qué es eso que te molesta tanto que te hace pensar que Dios
no te escucha y que tampoco está cerca de ti? ¿Qué es lo que te
desestabiliza a tal manera que sientes que vas a perder la calma o la
cordura? ¡Sí! Te lo pregunto porque sé que aunque amas al Señor no
estás exento de en ocasiones sentirte así, desesperado y sin salida.
Porque aunque hay muchas personas que quieren idealizarlo todo y
aparentar que para ser espiritual no puedes expresar nada, tú sabes muy
dentro de tú corazón que lo que te digo es cierto. ¿Cuántas veces te
has preguntado, Dios será verdad que existes? ¿Por qué me pasa esto a
mí? Sin embargo y a pesar de ese dolor tan grande que sentía Pablo,
recibió una respuesta maravillosa de Dios. Una respuesta con la que nos
podemos identificar y encontrar paz y seguridad. “Bástate
de mi gracia”.
Y la gracia es ese favor inmerecido que nos
concede Dios todos los días. Es esa ayuda y regalo que Dios nos
confiere continuamente, es ese soporte del gran Yo Soy. “Porque mi
poder se perfecciona en tú debilidad”. Podemos ver el poder de Dios
actuando en nuestras vidas día tras día. Podemos sentir cómo nos da
fuerzas cuando muchas veces creemos que ya no podremos más.

Pero si hay un versículo que me guste es
el que le sigue al texto que he utilizado el día de hoy. Es que me
fascina la forma en que Pablo dice en el siguiente versículo: “Por
lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en
necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil,
entonces soy fuerte”
(1 Corintios 12:10). Es tan
contundente, valiente, sabia y segura la respuesta que da Pablo. Ya me
parece imaginar a Pablo diciendo para sus adentros: “Sí, estoy
sufriendo, me duele este momento que estoy pasando. Sí, a veces siento
que no podré más, pero aún con todo y eso puedo gozarme en medio de
cualquier situación que esté pasando. Esto porque el amor que siento
hacia Dios es más grande que toda tribulación momentánea y no lo hacen
cambiar las congojas ni aflicciones de mi vida. Porque estoy seguro que
no existe ninguna situación que amerite que me enoje o que dude de la
fidelidad que Dios ha tenido para conmigo. Y pese a todo, puedo
gloriarme de una cosa que sé porque Dios me ama y yo lo amo a él.
Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Porque mayor es él que
está en mí. Porque a medida que va menguando mi yo, va acrecentándose
más en mi vida el poder y la imagen de mi Señor.

Hoy te invito a que declares al
igual que yo las palabras de Pablo. A que dejes que ese Santo Espíritu
de Dios obre en tú corazón y a que confieses dos cosas: que el poder de
Dios se perfecciona en ti y que cuando más débil te sientes y eres
fuerte en él.

http://www.DevocionalDiario.com

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Blog de Brendaliz: http://escritosdelsilencio.blogspot.com

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